La historia de una adulta mayor que comercializa artesanalmente muebles pequeños en las calles
Todos los días en la avenida Santa Fe, justo a la salida de un banco, se la puede ver a María Inés sentada en la vereda. Con 89 años a cuestas y una prolijidad admirable, esta vecina acomoda y ofrece pequeñas sillitas de madera para casas de muñecas que ella misma fabrica de manera artesanal. Lejos de tratarse de un pasatiempo o de una elección por vocación para pasar el tiempo, su actividad responde netamente a una urgencia económica extrema. Después de haber perdido todos sus bienes y recursos, el espacio público se convirtió en su lugar de trabajo para poder subsistir, ya que la jubilación mínima que percibe solo le alcanza para pagar el alquiler de una habitación.
La historia de María Inés tiene un trasfondo muy distinto al presente que le toca atravesar. En otras épocas de su vida estudió en el Lenguas Vivas, fue profesora de inglés y llegó a vivir en diferentes países del mundo. Sin embargo, su realidad económica dio un vuelco drástico a raíz de una sucesión de hechos complicados, entre ellos la pérdida del trabajo de su esposo y su posterior enfermedad. Ante este panorama, la mujer pasa las madrugadas fabricando a mano y de memoria cada uno de los pequeños muebles para luego venderlos durante la jornada diurna. Cada pieza tiene un costo de $5000, una entrada económica que le resulta indispensable para complementar sus ingresos y afrontar además los gastos médicos de su hijo, quien tiene una discapacidad.



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